
Peroooo....¿y una noche? ¡Una noche sí!
El color rosa (barbie con sabor a chicle de fresa) empezaba marcando la hora de la cena y acabaría haciéndolo hasta la comida del día siguiente.
Las tres chicas que viven al final de la calle se disponían a pasar una larga noche entre botellas, una moneda de 10 céntimos, una pata cada vez menos chula, un anillo morado, música, gente, puerto, uñas pintadas de un color muy "discreto" para pasar desapercibidos y para quitarnos la espina de no poder ir a la feria de abril, otras uñas discretas de verdad, un chico que se piensa que creemos que es serio, una chica que nos marcaba con pintalabios, una chaqueta que no importaba el estado en el que estuviera ya que se pensaría en ella al día siguiente...; Nuestro "rey" estaría disfrutando como sólo el sabe a muchos kilómetros de distancia, te prometimos que nos acordaríamos de ti y así fue.
Volveríamos amaneciendo, en grupo, como siempre.
Cuando conseguimos ponernos en pie y tras enfundarnos el uniforme que tocaba ese día, fuimos pasico a pasico, hasta el lugar en el que nos darían de comer. Cansancio, mucho cansancio, pero ahí estábamos los mismos, hasta el final. Aguantamos el sol, un toro que se empeñaba en que le hiciéramos caso, bebida aguada, un remix de pasodobles y música sin letra entre otras cosas.
Hemos puesto el listón alto chicos, pero estoy segura de que la próxima quedada será aún mejor.